Procura desmentir los elogios que a un retrato de la Poetisa inscribió la verdad, que llama pasión.


Éste que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido:

es un vano artificio del cuidado;
es una flor al viento delicada;
es un resguardo inútil para el hado;

es una necia diligencia errada;
es un afán caduco, y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.


Sor Juana Inés de la Cruz


“Sonetos y Villancicos”


Fondo de Cultura Económica, México. 2011.

“Dos Cuerpos”

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos raíces
en las noches enlazadas

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

Octavio Paz, 1944

México: Fascículos Planeta, S.A. de C.V., 1989.

Súbete ya la falda

Déjame ver tus senos.

Ándale, que el pezón

asome su nariz sobre la barda

del corpiño.

Súbete ya la falda,

que tus piernas

desnudas, blancamente

retocen colocándose la media

poco a poco, hacia arriba, del deseo.

Arrima la cadera

como una luna llena

de miel para mi noche.

Arroja ya el vestido:

no le pongas cortinas a mis ojos,

quítale a mis pupilas telarañas.

Muéstrame en fin tu sexo,

el prólogo de tus células completas.

         Te invito a deletrear el infinito.


Enrique González Rojo (1928)
La nueva poesía amorosa de América Latina
Saúl Ibargoyen y Jorge Boccanera
Editores Mexicanos Unidos, México, 1980

"Las Perfecciones Naturales"


De las capitanías de la oruga

sabe el rosal

lo que le corresponde


Silenciosas boquitas

que roen de noche

o bajo la altanera plenitud del gran sol

las perfecciones naturales


Ante ellas no hay belleza

Sólo avidez

sólo la necesidad de estar vivas


Y perduran matando

como nosotros.


José Emilio Pacheco [1973-1975]


"La fábula del tiempo. Antología poética"

Ediciones Era. México, 2005.

Autorretrato

Yo soy una señora: tratamiento

arduo de conseguir, en mi caso, y más útil

para alternar con los demás que un título

extendido a mi nombre en cualquier academia.


Así, pues, luzco mi trofeo y repito:

yo soy una señora. Gorda o flaca

según las posiciones de los astros,

los ciclos glandulares

y otros fenómenos que no comprendo.


Rubia, si elijo una peluca rubia.

O morena, según la alternativa.

(En realidad, mi pelo encanece, encanece.)


Soy más o menos fea. Eso depende mucho

de la mano que aplica el maquillaje.


Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo

—aunque no tanto como dice Weininger

que cambia la apariencia del genio—. Soy mediocre.

Lo cual, por una parte, me exime de enemigos

y, por la otra, me da la devoción

de algún admirador y la amistad

de esos hombres que hablan por teléfono

y envían largas cartas de felicitación.

Que beben lentamente whisky sobre las rocas

y charlan de política y de literatura.


Amigas... hmmm... a veces, raras veces

y en muy pequeñas dosis.

En general, rehuyo los espejos.

Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal

y que hago el ridículo

cuando pretendo coquetear con alguien.


Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño

que un día se erigirá en juez inapelable

y que acaso, además, ejerza de verdugo.

Mientras tanto lo amo.


Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.

Hablo desde una cátedra.

Colaboro en revistas de mi especialidad

y un día a la semana publico en un periódico.


Vivo enfrente del Bosque. Pero casi

nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca

atravieso la calle que me separa de él

y paseo y respiro y acaricio

la corteza rugosa de los árboles.


Sé que es obligatorio escuchar música

pero la eludo con frecuencia. Sé

que es bueno ver pintura

pero no voy jamás a las exposiciones

ni al estreno teatral ni al cine-club.


Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo

y, si apago la luz, pensando un rato

en musarañas y otros menesteres.


Sufro más bien por hábito, por herencia, por no

diferenciarme más de mis congéneres

que por causas concretas.


Sería feliz si yo supiera cómo.

Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,

los parlamentos, las decoraciones.


En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto

es en mí un mecanismo descompuesto

y no lloro en la cámara mortuoria

ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.


Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo

el último recibo del impuesto predial.


Rosario Castellanos (1972)

"Poesía no eres tú: Obra poética 1948-1971"

Fondo de Cultura Económica. México, 2001.

Cuando estuve en el mar era marino...


Cuando estuve en el mar era marino

este dolor sin prisas.

Dame ahora tu boca:

me la quiero comer con tu sonrisa.


Cuando estuve en el cielo era celeste

este dolor urgente.

Dame ahora tu alma:

quiero clavarle el diente.


No me des nada, amor, no me des nada:

yo te tomo en el viento,

te tomo del arroyo de la sombra,

del giro de la luz y del silencio,

de la piel de las cosas

y de la sangre con que subo al tiempo.

Tú eres un surtidor aunque no quieras

y yo soy el sediento.


No me hables, si quieres, no me toques,

no me conozcas más, yo ya no existo.

Yo soy sólo la vida que te acosa

y tú eres la muerte que resisto.


Jaime Sabines

"Antología poética"

Fondo de Cultura Económica. México, 2005.

Nada más, Poesía:


la mas alta clemencia


está en la flor sombría


que da toda su escencia.


No busques otra cosa.


¡Corta, abrevia, resume;


no quieras que la rosa


de más que su perfume!


Jaime Torres Bodet


“Obras escogidas”


Fondo de Cultura Económica, México. 1955.


Hay muchos dedos.

Muchos dedos agresivos.

Los índices se levantan.

Los índices que señalan al prójimo

que acusan

que envidian.

Una cortina de dedos

Una marea de dedos

Una muralla me señala.

Las lenguas se levantan, se despiertan

se afilan

se liman en los dientes

se envenenan en la saliva del colmillo.

Lenguas rasposas.

Lenguas que han lamido culos.

Lenguas que duermen solas

 en sus cuevas de cavidades putrefactas.

Las lenguas que no vemos en medio de las risas.

Lenguas sin ventilar.

Lenguas que pican.

No muerdan a su nombre tan hermoso.


Elena Garro    1956


 “Cristales de tiempo”


Universidad Autónoma de Nuevo León, México. 2016.

Hacha


Somos hachas de acero y fuego.

Nuestra vida es segar e iluminar.

Con el metal,


nos talamos el tronco.

Con el fuego,

iluminamos el corte,


el talar de lo que somos.


Carmen Boullosa


“Hamartia (o Hacha): poemas”


Ediciones Hiperión, España. 2015

Nocturno sueño


Abría las salas

profundas el sueño

y voces delgadas

corrientes de aire

entraban


Del barco del cielo

del papel pautado

caía la escala

por donde mi cuerpo

bajaba


El cielo en el suelo

como en un espejo

la calle azogada

dobló mis palabras


Me robó mi sombra

la sombra cerrada

Quieto de silencio

oí que mis pasos

pasaban


El frío de acero

a mi mano ciega

armó con su daga

Para darme muerte

la muerte esperaba


Y al doblar la esquina

un segundo largo

mi mano acerada

encontró mi espalda


Sin gota de sangre

sin ruido ni peso

a mis pies clavados

vino a dar mi cuerpo


Lo tomé en los brazos

lo llevé a mi lecho


Cerraba las alas

profundas el sueño.


Xavier Villaurrutia


"Antología"


Fondo de Cultura Económica, México. 1980.


Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado

como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.

Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,

no sé si me querían, y si esperaban verme.

En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,

una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets.

Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,

yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.

Mi mujer sube y baja una pequeña escalera

como un capitán de navío que desconfía de las estrellas.

Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche.

Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran

a la ventana que tengo a mi espalda.


(esto de los caballos me recuerda a cierto relato)


Julio Cortázar 1954


"Poesía y poética. Obras completas"


Galaxia Gutenberg, Barcelona. 2003.


Poco sé de la noche

pero la noche parece saber de mí,

y más aún, me asiste como si me quisiera,

me cubre la conciencia con sus estrellas.


Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.

Tal vez la noche es nada

y las conjeturas sobre ella nada

y los seres que la viven nada.

Tal vez las palabras sean lo único que existe

en el enorme vacío de los siglos

que nos arañan el alma con sus recuerdos.


Pero la noche ha de conocer la miseria

que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.

Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas

sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.


Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

Su lágrima inmensa delira

y grita que algo se fue para siempre.


Alguna vez volveremos a ser.


Alejandra Pizarnik


"Poesía completa"


Lumen, España. 2016

Oda al libro II

LIBRO

hermoso,

libro,

mínimo bosque,

hoja

tras hoja,

huele

tu papel

a elemento,

eres

matutino y nocturno,

cereal,

oceánico,

en tus antiguas páginas

cazadores de osos,

fogatas

cerca del Mississippi,

canoas

en las islas,

más tarde

caminos

y caminos,

revelaciones,

pueblos

insurgentes,

Rimbaud como un herido

pez sangriento

palpitando en el lodo,

y la hermosura

de la fraternidad,

piedra por piedra

sube el castillo humano,

dolores que entretejen

la firmeza,

acciones solidarias,

libro

oculto

de bolsillo

en bolsillo,

lámpara

clandestina,

estrella roja.


Nosotros

los poetas

caminantes

exploramos

el mundo,

en cada puerta

nos recibió la vida,

participamos

en la lucha terrestre.

Cuál fue nuestra victoria?

Un libro,

un libro lleno

de contactos humanos,

de camisas,

un libro

sin soledad, con hombres

y herramientas,

un libro

es la victoria.

Vive y cae

como todos los frutos,

no sólo tiene luz,

no sólo tiene

sombra,

se apaga,

se deshoja,

se pierde

entre las calles,

se desploma en la tierra.

Libro de poesía

de mañana,

otra vez

vuelve

a tener nieve o musgo

en tus páginas

para que las pisadas

o los ojos

vayan grabando

huellas:

de nuevo

descríbenos el mundo

los manantiales

entre la espesura,

las altas arboledas,

los planetas

polares,

y el hombre

en los caminos,

en los nuevos caminos,

avanzando

en la selva,

en el agua,

en el cielo,

en la desnuda soledad marina,

el hombre

descubriendo

los últimos secretos,

el hombre

regresando

con un libro,

el cazador de vuelta

con un libro,

el campesino arando

con un libro.


Pablo Neruda


"Odas elementales"


Losada, Argentina. 1967.



Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos


defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias


defender la alegía como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres


defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y de la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa


defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.


Mario Benedetti


"Los espejos las sombras"


Ediciones Universidad de Salamanca, España. 1999.


El día queda atrás,

apenas consumido y ya inútil.

Comienza la gran luz,

todas las puertas ceden ante un hombre

dormido,

el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.


El tiempo,

la gran puerta entreabierta,

el astro que ciega.


No es con los ojos que se ve nacer

esa gota de luz que será,

que fue un día.


Canta abeja, sin prisa,

recorre el laberinto iluminado,

de fiesta.


Respira y canta.

Donde todo se termina abre las alas.

Eres el sol,

el aguijón del alba,

el mar que besa las montañas,

la claridad total,

el sueño.


Blanca Varela


"Luz de día"


Ediciones de La Rama Florida, Perú. 1963.

El poeta es un fingidor


El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que en verdad siente,

Y, en el dolor que han leído,

a leer sus lectores vienen,

no los dos que él ha tenido,

sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,

distrayendo a la razón,

y gira, el tren de juguete

que se llama corazón.


Fernando Pessoa


"El poeta es un fingidor. Antología Poética"


Cátedra ediciones, España. 2018.

En que da moral censura a una rosa


Rosa divina que en gentil cultura

eres, con tu fragante sutileza,

magisterio purpúreo en la belleza,

enseñanza nevada a la hermosura.


Amago de la humana arquitectura,

ejemplo de la vana gentileza,

en cuyo ser unió naturaleza

la cuna alegre y triste sepultura.


¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,

soberbia, el riesgo de morir desdeñas,

y luego desmayada y encogida


de tu caduco ser das mustias señas,

con que con docta muerte y necia vida,

viviendo engañas y muriendo enseñas!


Sor Juana Inés de la Cruz


"Selección Poética"


Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, España. 2013



Sólo tu corazón caliente,

y nada más.


Mi paraíso un campo

sin ruiseñor

ni liras,

con un río discreto

y una fuentecilla.


Sin la espuela del viento

sobre la fronda,

ni la estrella que quiere

ser hoja.


Una enorme luz

que fuera

luciérnaga

de otra,

en un campo

de miradas rotas.


Un reposo claro

y allí nuestros besos,

lunares sonoros

del eco,

se abrirían muy lejos.


Y tu corazón caliente,

nada más.


Federico García Lorca


"Libro de Poemas"


Editorial NoBooks, España. 2017.

Tochan in Altepetl / Nuestra casa, recinto de flores


Nuestra casa, recinto de flores,

con rayos de sol en la ciudad,

México Tenochtitlán en tiempos antiguos;

lugar bueno, hermoso,

nuestra morada de humanos,

nos trajo aquí el dador de la vida,

aquí estuvo nuestra fama, nuestra gloria en la tierra.


Nuestra casa, niebla de humo,

ciudad mortaja,

México Tenochtitlán ahora;

enloquecido lugar de ruido

¿aún podemos elevar un canto?

Nos trajo aquí el dador de la vida

aquí estuvo nuestra fama, nuestra gloria en la tierra.


_


Tochan in Altepetl


Tocahn in xochitlah,

tonameyoticac in altepetl,

ye in huecauh Mexihco Tenochtitlán;

cualcan, yeccan,

totlacamaniyan otechmohualhuiquili Ipalnemohuani,

nican catca totlenyoh,

tomazhuizoh in tlaticpac.


Tochan pocayautlan,

nemequimilolli in altepetl

ye in axcan Mexihco Tenochtitlán;

tlahuelilocatiltic tlacahuacayan.

¿Cuix oc huel tiquehuazqueh nican in cuicatl?

nican otechmohualhuiquili Ipanelnemohuani,

nican catca totlenyouh, tomahuizouh in tlalticpac.


Miguel León Portilla


"Las Lenguas de América: Recital de Poesía"


UNAM, México. 2005.


La piel, de no rozarla con otra piel

se va agrietando...

Los labios, de no rozarlos con otros labios

se van secando...

Los ojos, de no mirarse con otros ojos

se van cerrando...

El cuerpo, de no sentir otro cuerpo cerca

se va olvidando...

El alma, de no entregarse con toda el alma

se va muriendo.


Bertolt Brecht


“Poemas 1913-1953”


Routdledge, Estados Unidos. 1979.

Ya ves que tontería


Ya ves qué tontería,

me gusta escribir tu nombre,

llenar papeles con tu nombre,

llenar el aire con tu nombre,

decir a los niños tu nombre,

escribir a mi padre muerto

y contarle que te llamas así.

Me creo que siempre que lo digo me oyes.

Me creo que da buena suerte:

Voy por las calles tan contenta

y no llevo encima nada más que tu nombre.


Gloria Fuentes


“Antología de la poesía española del siglo XXI”


Ediciones Istmo, España. 2003.

Lo que dejé por ti


Dejé por ti mis bosques, mi perdida

arboleda, mis perros desvelados,

mis capitales años desterrados

hasta casi el invierno de la vida.


Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida.


Dejé palomas tristes junto a un río,

caballos sobre el sol de las arenas,

dejé de oler la mar, dejé de verte.


Dejé por ti todo lo que era mío.

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,

tanto como dejé para tenerte.


Rafael Alberti


"Roma, peligro para caminantes"


Ediciones Litoral S.A., España. 1974.

Los amorosos


Los amorosos callan.

El amor es el silencio más fino,

el más tembloroso, el más insoportable.

Los amorosos buscan,

los amorosos son los que abandonan,

son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,

no encuentran, buscan.


Los amorosos andan como locos

porque están solos, solos, solos,

entregándose, dándose a cada rato,

llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos

viven al día, no pueden hacer más, no saben.

Siempre se están yendo,

siempre, hacia alguna parte.

Esperan,

no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.

El amor es la prórroga perpetua,

siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

Los amorosos son los insaciables,

los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.


Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.

Las venas del cuello se les hinchan

también como serpientes para asfixiarlos.

(Fragmento)


Jaime Sabines


"100 poemas mexicanos en papel revolución"


Corporación Mexicana de Impresión, México, D.F. 2008

A media voz


la lentitud es belleza

copio estas líneas ajenas

respiro

acepto la luz

bajo el aire ralo de noviembre

bajo la hierba sin color

bajo el cielo cascado y gris

acepto el duelo

y la fiesta


no he llegado

no llegaré jamás

en el centro de todo está el poema

intacto sol

ineludible noche


sin volver la cabeza

merodeo su luz

su sombra

animal de palabras

husmeo su esplendor

su huella

sus restos

todo para decir

que alguna vez estuve

atenta desarmada



sola casi en la muerte

casi en el fuego.


Blanca Varela


"Canto villano: Poesía reunida, 1949-1994"


Fondo de Cultura Económica del Perú, 2017.


Ya puedes ver el trágico escenario

y cada cosa en el lugar debido;

La espada y la ceniza para Dido

y la moneda para Belisario.


¿A qué sigues buscando en el brumoso

Bronce de los hexámetros la guerra

Si están aquí los siete pies de la tierra,

La brusca sangre y el abierto foso?


Aquí te acecha el insondable espejo

Que soñará y olvidará el reflejo

de tus postrimerías y agonías.


Ya te cerca lo último. Es la casa

Donde tu lenta y breve tarde pasa

Y la calle que ves todos los días.


Jorge Luis Borges


"Las grandes obras del siglo veinte" Borges poesía y prosa


Emecé Editores, Buenos Aires, 1979

Olvídate del mar


Ven a mis brazos y coloca

tu boca a lo largo de mis venas,

y apenas tengas miedo de quererme,

ahógate en el río de tus penas

y olvídame olvidándote de todo:

del mundo, del amor, de los ocasos

y acasos planetarios, de la luna,

del mar, los dromedarios, de la nieve,

        el viento aleve, las dunas y

        [mis brazos.

Fernando del Paso


"Antología de textos de aquí allá y acullá"


Edición no comercial, México DF, 2016.

Me doctoré…


Me doctoré en masoquismos

también en jurisprudencia

me doctoré en la alta ciencia

de fabricar silogismos

y de inventar espejismos

Me doctoré en la vehemencia

de saber que la conciencia

sólo acelera los ismos

Me doctoré en teología

también en melancolía

Me doctoré en letras muertas

también en ciencias inciertas

Me doctoré en el amor

lo practiqué en Do Mayor.


Pita Amor


"Una historia de Amor llamada Pita"


Instituto Nacional de Bellas Artes, México. 1994.

A  julio Rojas


INMENSIDAD AZUL. Inmensidad

patria del tiburón y el calamar;

por el temblor rumbero de tus ondas

vienes a ser el precursor del jazz...


Síntesis colosal

de mariscos, espumas "and steamers"

Profundo aquel filósofo que dijo:


"Cuánta agua tiene el mar"...


¿Fue Vasconcelos?

¿Fue Bergson?

¿Fue Kant?...


Renato Leduc


"Obra literaria, letras mexicanas"


Fondo de Cultura Económica, México, D.F. 2000.

Libertad bajo palabra


Viento

Cantan las hojas,

bailan las peras en el peral;

gira la rosa,

rosa del viento, no del rosal.

Nubes y nubes

flotan dormidas, algas del aire;

todo el espacio

gira con ellas, fuerza de nadie.


Todo es espacio;

vibra la vara de la amapola

y una desnuda

vuela en el viento lomo de ola.


Nada soy yo,

cuerpo que flota, luz, oleaje;

todo es del viento

y el viento es aire

siempre de viaje…


Octavio Paz


"Libertad bajo palabra"


Fondo de Cultura Económica, México. 1993.